Los periodistas chilenos comparten sus experiencias de participación en programa "Nueva generación: SputnikPro "

Gracias al programa "Nueva generación", más de 1,000 jóvenes de 101 países del mundo visitaron a Rusia y participaron en grandes eventos

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De Santiago de Chile a la ciudad Moscovita que nunca duerme.

Por Camila Torres

Chile está a 17 mil kilómetros de Rusia. Distancia que un avión recorre en aproximadamente 18 horas. Un largo viaje que en mi caso partía desde el clima templado de Santiago, a -mi expectativa- llegar al nevado Moscú.

El vuelo aterrizó a las 5 de la tarde. Verónica nos esperaba. Iríamos directo al hotel. Ya en la carretera, me di cuenta que Moscù no era tan fría y que tenía mucho en común con Santiago. Nos recibió con 18 grados. Como una tarde de otoño. En Chile ya era de madrugada.

El tráfico vehicular era intenso. Sin embargo me distrajo más el paisaje de otoño. Había árboles por los costados de la avenida. Verónica nos explicaba un poco la historia moscovita. Pensé que me quedarìa dormida, pero la ciudad era tan imponente que no pude.

Seguí atenta hasta el hotel. Ubicado al costado del hipódromo. Despuès de 18 horas de viaje ya estaba en Moscù. Comenzaba la aventura de una semana con un grupo de amigos  latinoamericanos.

Cuando ví el edificio de Sputnik, quedé impresionada, no se parecía en nada a los departamentos de prensa de Santiago de Chile. El espacio era abierto, las luces cálidas. Y cada departamento tenía muchos escritorios. Un paraìso para todo periodista.

La agencia sputnik, poco conocida en Chile, opera en Latinoamérica. Ofrecen… “telling the untold”… cuentan lo que nadie dice… una tarea difícil, que todos sus reporteros buscan y creo que es el mismo objetivo de todos los periodistas del mundo. Cubren noticias de todo tipo.

 Hacen reportajes en profundidad y se preocupan de informar sobre lo que ocurre en el último rincón del planeta. Lo que pasa en Chile también es importante para ellos. Conocimos Moscú de día, es cálido, su gente es amable, incluso el sol nos acompañó.

La noche en Moscú es luminosa, sus calles tienen festividad y cultura, tienen bares que atienden 24 horas. Al parecer los moscovitas no duermen. Las avenidas están adornadas con luces preciosas. Cada rincón te obliga a tomar una fotografía.

Sus edificios también tienen un atractivo especial, todo parece estar construido hace muchos años. La estructura es muy bonita. Muy pocas ciudades de noche tienen esa belleza… y eso que aún no llegaba a visitar la plaza roja...

La plaza roja también está llena de luz, con sus construcciones imponentes e históricas. Siempre están llenas de turistas. Todos cooperan para que dentro del desorden de tanta gente caminando se logre un orden para que este lugar siga viéndose hermoso.

A cualquier hora hay gente paseando, no importa si es de madrugada. Había visto la Catedral de San Basilio por fotos en internet y ninguna pudo retratar los colores reales de esta magnífica obra.

La perfección de la construcción te deja sin palabras. Todos los viajeros que pasan por Moscú, tienen este objetivo, tener una foto con esta belleza, rodeada de otras construcciones que también te dejan con la boca abierta.

El kremlin también se para imponente en la plaza. El color ladrillo le hace honor a su nombre. En esas paredes hay memoria del pueblo moscovita. Es parte del corazón de Moscú y de todo Rusia. Un viaje lleno de recuerdos muy bonitos que pude retratar en fotografía, pero que guardo en mi memoria y en mi corazón.

En una semana conocí a un grupo de periodistas apasionados, inteligentes, empáticos, críticos y siempre con ganas de aprender.

Moscú es una ciudad sorprendente, es cálida, es agradable, está siempre activa, en eso se parece a los latinos. Su gente es educada, en cada rincón que miraba parece que más podía aprender. Una semana no fue suficiente para ver todo lo que esta ciudad puede ofrecer. Estoy feliz.

Espérame, Moscú, que pronto volveré.


 

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Un viaje inesperado

Isabel Reyes B.


Parecía una broma. Cuando me dijeron que había sido seleccionada para ir becada en el programa del School of Journalism Sputnik Pro, no lo podía creer. No lo hice hasta estar arriba del avión, cruzando el océano Atlántico.
Aterrizamos un domingo en Moscú, un poco antes del atardecer. Con incertidumbre, llegábamos a este país que casi todos desconocían, no solo porque no lo habíamos visitado, sino también porque es una sociedad de la que no tenemos mucha información. No sabíamos a lo que nos enfrentaríamos como latinoamericanos. Veníamos algunos de Chile, Venezuela, Brasil, Perú, Argentina, Uruguay, Bolivia, México, Guatemala, Panamá,
Colombia. Un grupo pequeño, pero gigante humanamente.
Las charlas fueron en la sede de Sputnik. Inexplicable los recursos destinados a las salas de redacción. Eran enormes. Un computador tras otro. Muchos periodistas en una oficina persiguiendo un solo objetivo: informar y escribir desde el punto de vista ruso. “Telling the untold” es el lema y me hizo mucho sentido una vez que terminamos las actividades. La desinformación que tenemos como latinoamericanos se explica en gran medida por la
proximidad geográfica que tenemos con occidente, con agencias de Estados Unidos o Europa, con referentes como The New York Times o The Guardian, donde sin darnos cuenta nos dan solo una imagen de los distintos conflictos mundiales que puedan existir.
Corroboramos y comparamos el tratamiento noticioso que se les da en estos medios masivos cuando se trata de hablar de Rusia. En esos casos, Sputnik publica lo “untold”, su versión de los hechos. Es como la nueva guerra fría, esta vez, la guerra por la información. Si bien es inevitable no tener prejuicios, de una sociedad que uno muy débilmente ha aprendido o sabe, me cambió completamente la percepción que tenía de Rusia. Es un país gigante, ordenado y muy nacionalista, todos conformes y orgullosos de su patria. Uno no deja de ser un extraño en un territorio ajeno, pero rescato la amabilidad de  lgunas personas, sobre todo, de quienes nos acompañaron y guiaron en esos días. Se encargaron de darnos el mejor tiempo en sus tierras.
Los días pasaron volando e incluso ahora, mirando para atrás, sigue siendo difícil de creer que estuve en Rusia, a más de 17 mil kilómetros de Chile. Se debe visitar Rusia para poder hacerse su propia idea de este país y sobre todo, visitarlo con un grupo de latinoamericanos te hace sentir como en casa, en hermandad. Hoy, las redes que nos conectan en Latinoamérica, son gigantes.
Redes de colaboración pero también de amistad y esperamos que en algún momento,volvamos a vivir esta inolvidable experiencia.